COP21: La necesidad de un cambio de modelo energético

COP21, la próxima conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático que va a tener lugar en París a primeros de Diciembre, está pasando sin mucho ruido desde los medios de comunicación. Y eso a pesar de todo lo que nos jugamos en esta reunión. El fin de la misma es fijar unos objetivos vinculantes para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, evitar que el calentamiento global sea mayor de 2ºC, e impedir de esta forma que el cambio climático sea extremo.

 

Si hay algo claro, es que el sector de la energía tiene que ser central en estas negociaciones. A fin de cuentas, la energía es responsable de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así que cualquier propuesta de reducción de emisiones mínimamente ambiciosa, deberá implicar al sector energético.

 

 

Por este motivo, la cumbre COP21 está llamada a ser el impulso definitivo para un nuevo modelo energético a nivel global. Un modelo energético basado en el ahorro, la eficiencia energética, y las energías renovables en manos de las personas y al servicio de estas. De hecho, el actual modelo energético se enfrenta a grandes retos que cuestionan su viabilidad a futuro, y que por lo tanto, obligan a plantearse un cambio que lo transforme completamente.

 

Prácticamente el 90% de la energía que se consume a nivel mundial proviene de fuentes de energía no renovables, como el gas natural, el petróleo, el carbón y la energía nuclear. Esto crea un problema de gran dependencia, hacia unas pocas fuentes de energía, que empiezan a alcanzar su límite de producción. Como ejemplo, la Agencia Internacional de Energía ya informó de que el pico de producción del petróleo convencional se alcanzó en 2006, y la petrolera BP estima que las reservas de crudo reconocidas apenas llegan a cubrir el consumo de los próximos 50 años. Si a estos datos le añadimos el hecho de que el petróleo supone un tercio de la energía mundial, y casi la mitad en el estado, es evidente la urgencia de cambiar y diversificar las fuentes de energía que consumimos.

 

 

Otros problemas añadidos del actual modelo energético están ligados a su naturaleza centralizada. Las fuentes de energía fósil y nuclear obligan a realizar grandes centrales de generación con fuertes inversiones que sólo están en la mano de ciertas empresas. Empresas que por lo tanto gestionan en régimen de oligopolio un bien básico como es la energía. Esto crea grandes desequilibrios en el acceso de la energía entre países, pero también dentro de los propios países. Se da un proceso de acaparamiento de las fuentes de energía de los países empobrecidos para ser disfrutada casi en exclusivo por los países desarrollados. Así, EEUU consume por persona 4 veces más energía que la media mundial, y la UE, el doble de la media mundial. Mientras, otros países como Bangladesh consumen por persona un 2% del consumo medio mundial. Esta desigualdad también ocurre a nivel local, con el fenómeno de la pobreza energética.

 

Es evidente que la cumbre COP21 puede ser un buen momento para replantear el modelo energético, por una parte para reducir de manera significativa sus emisiones de gases de efecto invernadero, pero al mismo tiempo, para afrontar todos los grandes retos que tiene el actual modelo energético. Y esto sólo puede venir de una importante reducción del consumo de energía mediante medidas de ahorro y eficiencia, y al mismo tiempo cambiando las fuentes de energía hacia fuentes renovables y limpias, que permiten además un nuevo modelo descentralizado, en manos de las personas. Esperemos que los dirigentes internacionales estén a la altura del reto que se presenta en la cumbre COP21, y se llegue a un acuerdo ambicioso que asegure un planeta sano y habitable para las generaciones futuras.

 

Autor: Aitor Urresti, docente e investigador en la EUITI (Universidad del País Vasco de Energías Renovables) @Mugatik